La vuelta al trabajo sin exigencias

La vuelta al trabajo sin exigencias

¿Crees que es posible llevar un ritmo de vida en el que mejoremos y consigamos nuestros propósitos desde una óptica de ilusión? La respuesta es que sí, y hoy queremos daros algunas pautas para que la exigencia con nosotros mismos no sea una carga sino una aliada. ¿Te apuntas?

La primera indicación de que la exigencia se ha instalado en nuestra vida la marca la insatisfacción. ¿Cómo podemos lidiar con ella? Si te enfocas en el momento final, el placer es efímero. Lo que realmente es interesante es disfrutar de todo el camino recorrido, con las cosas buenas que hemos vivido y con el aprendizaje realizado.

Otro indicador es que el fracaso te genera frustración, la sensación de no valer nada y la rabia de pensar que no hay forma de arreglar lo que ha ocurrido. ¿Por qué no cambias de punto de vista y lo ves como un error? De los errores se aprende y lo bueno que tienen ¡es que pueden corregirse!

Y un gran consejo para disminuir la exigencia es eliminar la obligación. Eliminar las palabras “tener que” y cambiarlas por la motivación. Así pasarás de sentirte obligado a hacer cosas a estar comprometido con tu objetivo.

¿Cómo sabes si vives la vida con exigencia?

  • Nunca estás satisfecho con lo conseguido o si lo estás es por muy poco tiempo.
  • Tu objetivo es la perfección.
  • Tu emoción suele estar entre la ansiedad por llegar a lo más alto y la rabia por no conseguirlo.
  • Sueles desconfiar de ti y de los demás y tiendes a controlar al máximo posible.
  • Cuando las cosas no salen como esperabas lo tomas como un fracaso del que no hay vuelta atrás.
  • Todas las pautas las tienes tan instauradas como una forma de ser que para ti es imposible cambiar de actitud.

¿Y cómo es la vida sin exigencia?

  • Tienes confianza en ti mismo y en los demás.
  • Tu meta no es la perfección sino una mejora continua.
  • Aprendes de los errores, los ves como lecciones que nos servirán en el futuro.
  • Celebras cada paso adelante con ilusión y alegría, disfrutando del esfuerzo realizado.
  • Sientes un compromiso hacia lo que haces y te liberas de la obligación al hacerlo.

Y tú, ¿pones demasiada exigencia en tu vida?

 

*Fuente: Revista Integral